XXXIII ANIVERSARIO DE "LA COLODRA"

¡Cumplimos 33 años!

Este mes de diciembre La Colodra cumple 33 años. En otras ocasiones hemos celebrado nuestro aniversario con el Encuentro de Dulzainas, este año las circunstancias nos lo impiden pero queremos compartir la celebración con todos vosotros colgando el doble CD que se grabó en directo con ocasión del X Encuentro. En este CD participan los grupos: Filigrana, Folklore Plaza de Castilla, David Huerta y Javier Laguna y Marijabe.

X CERTAMEN DE DULZAINAS

FELICES FIESTAS

“La Colodra”

os desea unas fiestas tranquilas.

Seguimos estando juntos

aunque no estemos al lado.

CUENTO GANADOR 2021

El vendedor de máscaras

Como cada año al despuntar la fría alba en el exacto día de las calendas, el vendedor de máscaras, cargado con su portentosa mochila a su espalda y renovada ilusión en su corazón, emprendía la ardua travesía desde su morada, en la cúspide de la montaña nevada, hasta su aldea natal, sita en el valle. Atrás quedaban once meses de búsqueda afanosa en pos de toda suerte de máscaras que venderles a las gentes de su poblado, las cuales, invierno tras invierno, esperaban anhelantes su advenimiento la víspera del día de Carnaval. Elaboradas a partir de bambú, lanas, latón, cuero…; exhibiendo lazos, bucles, gorgueras, bigotes…; aquellas originales máscaras no dejaban indiferentes ni a propios ni a extraños. Algunas provocaban asombro por su exuberancia, otras horripilaban por su apariencia tétrica, pocas despertaban recuerdos infantiles casi olvidados y la mayoría causaban honda alegría en los corazones de quien las contemplaba. Mas por especiales, podían considerarse estas valiosas, y por este motivo baratas no resultaban. Y así, en un acuerdo tácito entre el vendedor y las gentes del pueblo, el primero surtía a los segundos de aquellas maravillosas piezas maestras que, a la postre, habrían de atraer a miles de visitantes al más esplendoroso carnaval del reino y, en contrapartida, los aldeanos proporcionaban al comerciante el dinero suficiente para subsistir un año más y llevar a cabo una nueva búsqueda de máscaras. Dichas reliquias, al término de la fiesta, no eran desechadas, sino que se colgaban de las fachadas de los hogares, de los troncos de los árboles y hasta de los pretiles de los puentes, los brocales de los pozos y las pilastras de las fuentes, todo con el fin de dotar a la aldea de su halo de misterio y singular personalidad.

Precisamente por eso le resultó harto extraño al vendedor que aquel año, en la cuesta que ascendía hasta el centro del poblado, no hubiera un alma esperándole: ni ancianos, ni madres… Nadie, salvo un crío de cara risueña y orejas puntiagudas que portaba una bolsa de monedas. De este modo, tras la adquisición de la máscara deseada por parte del rapaz, llegó su pertinente confesión: tan solo una semana atrás, un marchante de disfraces había arribado a la aldea y ofrecido caretas de papel que, a pesar de no servir para el posterior ornato de los rincones de la aldea, sí soslayaban la peliaguda cuestión de la elección, al ser todas iguales, y eran mucho más asequibles. Desolado ante la noticia, el vendedor no halló las fuerzas necesarias para regresar a su hogar y eligió pernoctar en la posada, desde donde contemplaría el paupérrimo espectáculo, con la sola compañía de sus máscaras.

Sin embargo, optimista como era, eligió no echar por tierra el esfuerzo de todo un año y así, a la noche, cuando la gente ya bailaba y reía alrededor de la hoguera, a duras penas descendió los escalones de la fonda con su mochila repleta, rebosante de ilusión por vender algo. Ante su presencia, las flautas de pan enmudecieron, los tamboriles cesaron su redoble y los laúdes su melodía, y se hizo el silencio, denso, tenso y tan solo entrecortado por el crepitar de las llamas. El vendedor no reconoció al sujeto que se adelantó hasta él, parapetado tras la burda careta de papel maché, hasta que abrió su boca y de ella salió la voz del alcalde. Fue exigua la explicación que obtuvo de su parte, nada nuevo más allá de lo que le hubo narrado el pequeño anteriormente, y así, con inusitada displicencia, justificó la decisión del populacho y le despidió con cajas destempladas. Todo aquel que se encontraba en la plaza pudo entonces contemplar cómo el rostro aún esperanzado del vendedor fue demudándose, mutando en una máscara hosca de ojos desconsolados a causa del quebrantamiento del tácito acuerdo, de boca afligida por culpa de la traición y de facciones aterradas ante un futuro que ahora se antojaba funesto, justo antes de desaparecer por la cuesta, con su mochila y paso sombrío, y ser visto por última vez.

Fue al año siguiente, una semana antes del Carnaval cuando reapareció por la aldea el marchante de disfraces. Esta vez no ofreció caretas de tiras coloridas, sino unas insulsas ovaladas y blancas, las cuales los aldeanos no tardaron en desdeñar. El marchante, empero, les advirtió que no se dejaran llevar por su aparente simpleza, pues al ser enfrentadas al calor de la hoguera, estas se transformarían y revelarían la verdadera naturaleza de sus portadores. Y para demostrárselo, colocó una delante de su rostro y la expuso al calor de una vela. De la carátula brotaron como arte de magia flores, plumas, purpurina y atrezos varios que embelesaron a la multitud allí congregada. Todos deseaban su careta blanca, todos querían averiguar qué sorpresas surgirían al ponérsela. Todos, salvo el pequeño rapaz, quien, portando su bolsa de monedas, decidió esperar al vendedor de máscaras. Mas, tristemente, este jamás aparecería a ofrecer su mercancía en la víspera, como era costumbre en él.

Prendida la lumbre en mitad de la plaza mayor, comenzó la fiesta de Carnaval, con su música y su baile. Y a medianoche el alcalde detuvo la celebración para anunciar la colocación de las caretas, al unísono, ante la mirada de los fascinados visitantes. Los aldeanos, anhelantes de maravillas, no supieron interpretar por qué al calor del fuego de las caretas, en lugar de transformarse en bellos prodigios, se derretían sobre sus rostros, adhiriéndose a ellos como metal fundido, como una ventosa ominosa sobre la cual se iban calcando con detalle los rasgos que bajo ellas se hallaban. Narices, ojos, lunares, arrugas, cicatrices… y demás facciones fueron dibujándose sobre las máscaras, tomando éstas la fisonomía exacta de sus portadores. Y de esta suerte, lo que habrían de haber sido exclamaciones de asombro y gritos de júbilo mutaron en alaridos de espanto y chillidos de terror. Los visitantes huyeron despavoridos, quedando tan solo alrededor del fuego los lugareños, el crío y el marchante de disfraces. Este último, contemplando el resultado de su obra, dejo caer su careta al suelo, bajo la cual apareció la faz hosca del vendedor de máscaras. Al punto, las demás caretas también cayeron, dejando ver rostros vacíos, desprovistos de rasgos, carentes de expresividad, que corrieron a esconderse a sus hogares. El vendedor recogió las caras del suelo y las introdujo en su mochila, mas fue benevolente y permitió que los aldeanos se quedaran con las máscaras que adornaban el pueblo, las mismas que en su tiempo atrajeron a visitantes de todo el reino y que ahora, sobre la cara de gente sin rostro, provocaban el mismo rechazo, que él una vez también sufrió.

CONVOCATORIA CONCURSO DE POESIA SEGOVIA Y SU SIERRA - ANGEL ESTEBAN. 2021

La A.C.P. “La Colodra” convoca su concurso poético

La A.C.P. “La Colodra” convoca la trigésimo tercera edición del “CONCURSO POÉTICO SEGOVIA Y SU SIERRA”.Este concurso, de larga tradición, pasará a denominarse a partir de ahora“CONCURSO POÉTICO SEGOVIA Y SU SIERRA. ÁNGEL ESTEBAN”,en honor a nuestro compañero y amigo Ángel Esteban Calle, fallecido en el mes de octubre del año pasado, impulsor de este concurso y presidente del jurado calificador del mismo durante sus treinta y dos ediciones celebradas.

Los originales podrán enviarse desde el día 12 de abrilhasta las 24:00 horas del día 3 de julio de 2021 a la siguiente dirección: Asociación Cultural Provincial “La Colodra”, C/ Real, 1, 40590 - CASLA (Segovia),

El premio se hará público el día 14 de agosto de 2021, en la localidad de Casla (Segovia).  

BASES CONCURSO DE POESIA