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POEMA 2025

METAMORFOSIS

 

Mi cuerpo fue explosión de pura vida,

vendaval de júbilo en la carne,

vestigio de emociones que aún arden

en el seno de una cáscara vacía.

 

El pecho ahora susurra, más pausado,

un eco de latidos ya sin prisa,

del pájaro que flota con la brisa,

dejando atrás un vuelo consumado.

 

El tiempo, ese ladrón, me ha desnudado

de ansias, de pasiones, de certezas.

No desarma, empero, la belleza,

el indeleble fulgor de lo callado.

 

Pues yo, que en este cuerpo desgastado,

no una, sino dos veces fui nido,

en la piel guardo el mapa del sentido

que dibujaron dentro, acurrucado.

 

Y aunque el espejo insista en el ultraje

de surcos y líneas apagadas,

yo celebro las formas señaladas

de hechuras convertidas en mensaje.

 

Porque aun en la ceniza hay forma y fuego,

en las ruinas, rumor de arquitectura,

y en esta piel vencida, la ternura

de todo lo que fui, de lo que entrego.

Metamorfosis sin estruendos,

ley no escrita, eterna e inclemente,

que transfigura todo ser viviente,

mudándolo entre grietas y remiendos.

 

No hay dolor más hondo que el que abraza

la dicha consumada en su partida.

La savia otorga alivio a cada herida

cuando la entrega misma la reemplaza.

 

No temo a la pérdida, ni a la ausencia.

He aprendido a amar sin reclamar.

Soy tierra que se deja modelar,

desnuda ya de gloria y de apariencia.

 

¿Y tú, que en mis entrañas floreciste,

ya sabes lo que es darse sin medida?

¿Ser junco de blandura que resiste,

volviéndose vereda de la vida?

 

Así me sé: no intacta, pero cierta,

gastada, pero llena de sentido.

No hay cambio que no duela en lo vivido,

ni sombra que la aurora no revierta.

 

¿Qué importa si la curva ya no danza,

como en los días fieros del anhelo,

si fue la llama, el centro y el consuelo

del mundo que brotó de su templanza?

 

Madura la raíz que ya no teme

ni al viento ni a la sed, ni a su quebranto.

Florece quien elige darse tanto

que incluso al disolverse se mantiene.

 

El alma, como el árbol, se deshoja

para advertir mejor la lejanía.

Y entiende —por cordura o por porfía—

que dar vida es sólo paradoja.

 

La undécima musa