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POEMA PREMIADO 2023

NOCHE DE EMBOSCADA

Seudónimo: Calíope

La luz crepuscular lo envuelve todo.

Mis párpados se acuestan en la calma

de las lagunas negras de mis ojos.

Titilan mis pupilas estrelladas

y entre anhelos, sereno queda el rostro.

Se vuelve ya hacia adentro la mirada,

atento el corazón, el tiempo roto.

En la silente noche, alas de plata.

Ya me envuelve del mar, la mar de fondo

y del viento que vuela, una balada;

anclado en el refugio de mi otoño,

siento el calor callado de una llama

que crepita en mi ser como un tesoro,

que quisiera incendiar la noche clara.

¡Oh noche de estupor, noche de asombro,

oh luz de mi interior, fuego del alma!

Yo quisiera volar entre los pinos

como el águila azul de etéreas alas,

llenar con todo el mar mi gran vacío

y vaciar los mares de mi casa,

que, de estar llena, sóbrale el hastío

y falta contenido y luz al alma.

Quisiera con el tiempo ya vencido

encender un fulgor de luna pálida,

ausencia de amapolas, blancos lirios,

plata de luna, noche hecha de nácar.

¡Oh cielo de negror, soy el cautivo,

oh noche de arrebol, de tu emboscada!

Hay un tiempo de mágicos acordes

que surgen de mi estancia sosegada

como arpegios de sones de colores.

Hay un tiempo de ingrávidas palabras,

que flotan en un mar de sensaciones

ausentes de razón, como escapadas

de su prisión mental. Tiempo de nobles

verdades que se clavan como estacas.

El tiempo todo salta entre estertores

para morir morando en la mirada

para morar muriendo en los amores

que amanecen de auroras aureoladas.

Sin tiempo en esta noche hecha de soles.

Sin tiempo en esta noche hecha de magia.

Oh noche de negror, dame tú el tono

para afinar las cuerdas de mi arpa,

dame el silencio azul del son sonoro

y el sabor de ambrosía en la garganta.

Oh noche de azabache y sentir hondo,

oh tiempo de pasión, noche de calma,

tú que guardas tu luz para los pocos,

que con tu manto envuelves las montañas

salpicando de estrellas los remotos

horizontes de aurora enamorada.

Oh noche de negror, de plata y oro,

déjame vislumbrar tu magia blanca,

tu vergel de misterio que es adorno

que luce a contraluz la madrugada.

Dame a beber la gota, una tan solo,

del licor que fermenta la alborada.

Que en mi ebriedad quisiera, dulce noche,

perderme en laberintos de tus salas,

caer en el abismo de tus bordes

poco a poco hasta hundirme entre las aguas

de los mares que bañan tus rincones,

de tu océano azul zafiro y ámbar

donde navegan naves y ecuaciones.

Que en mi ebriedad quisiera, noche alada,

volar como gaviota tu horizonte,

tu obscuridad de luz que, tan avara,

te niegas a mostrarme. Sigo insomne

buscando en el silencio la emboscada,

persiguiendo en tinieblas los colores,

saboreando hidromiel con sed arcana.

Rasgue el rayo lo obscuro con el filo

de sol que ha de vencer a la guadaña.

Arreboles que prenden fuego vivo

incendiando una eterna encrucijada.

Desesperada espera en el presidio

donde mi piel despierta encadenada.

¡Oh noche que estimulas mis sentidos,

déjame fondëar en la ensenada

de tus pupilas negras, entre guiños

de luceros, estrellas y galaxias!

¡Clava en mi pecho hambriento y dolorido

tu espada de embriaguez, tu dulce daga,

que quiero desangrarme en tu recinto

de terciopelo azul y perlas blancas!

¡Oh noche de mi amor, dame del vino

que destilan las flores con tu escarcha,

elixir de los ángeles venidos

desde el banquete excelso del Valhala!

¡Oh noche, quiero ser siempre cautivo,

oh noche de pasión, de tu emboscada!