CASLA
ENTREGA DEL PREMIO DEL I CONCURSO DE “CUENTOS DE CARNAVAL” ORGANIZADO POR “LA COLODRA”
- Baile de disfraces y “vaquilla” tradicional.
En esta ocasión, el sábado pasado, día 18, el acto central de las Fiestas de Carnaval celebradas en Casla ha consistido en la entrega del Premio del I Concurso de “Cuentos de Carnaval” convocado por la Asociación Cultural Provincial “La Colodra”, con sede en esta localidad de la sierra segoviana, con motivo de cumplirse este año el XXV aniversario de su fundación.
El ganador del Premio “La Colodra” de dicho certamen literario, una vez abierta la correspondiente plica, resultó ser José Ignacio Señán Cano, con domicilio en Madrid, quien recogió personalmente el diploma, diseñado por el pintor Rafael Sánchez Muñoz, y los 300 euros a los que ascendía la dotación económica del citado galardón, que le fue concedido por su original titulado “Un disfraz cualquiera”, cuyo texto fue leído por su autor.
Previamente a la entrega, dio lectura al acta del fallo Ana Isabel Martín Moreno, miembro del jurado juntamente con José María Aránguez Otero y Ángel Esteban Calle. Este último, vicepresidente de “La Colodra”, puso de relieve “el éxito de la primera edición del mencionado concurso, sobre todo por la calidad de los trabajos presentados y el ingenio demostrado por los participantes en el mismo”. “Además –añadió-, es digno de subrayar que hemos recibido originales procedentes no sólo de la España Peninsular e Insular, sino también del extranjero, por ejemplo de Jerusalén (Israel) o La Guajira (Colombia).
BAILE DE DISFRACES Y “VAQUILLA” POPULAR
El acto de entrega del referido galardón tuvo lugar en el Salón de Actos municipal “Los Toriles”, durante un baile de disfraces en el que rivalizaron los numerosos participantes (mayores y niños) en imaginación y buen gusto a la hora de elegir cada atuendo, cada caracterización e, incluso, el maquillaje idóneo para representar dignamente y con gracia los distintos papeles: Blancanieves, con la Madrasta y los Enanitos; Don Quijote y Dulcinea: los Picapiedra o Trogloditas; alguna que otra Bruja; los Novios e Invitados a una boda; los Osos Amorosos; una pareja de Indios americanos, etc.
Al día siguiente, 19, domingo de Carnaval, en la Plaza de los Toros, se llevó a cabo un rito tradicional muy arraigado en Casla: la “vaquilla”, representada por una persona que soporta un armazón de madera cubierto con una sábana blanca y provisto de cuernos en uno de sus extremos. Esta “vaquilla” se dedica a corretear por la plaza mencionada, persiguiendo a quienes se le pongan delante, muchos de ellos “remudaos”, expresión o término popular equivalente a disfrazados.
A. E. C.
TEXTO ORIGINAL DE JOSÉ IGNACIO SEÑÁN CANO, PREMIADO EN EL I CONCURSO DE “CUENTOS DE CARNAVAL” ORGANIZADO POR LA ASOCIACIÓN CULTURAL PROVINCIAL “LA COLODRA”
UN DISFRAZ CUALQUIERA
Se me hacía raro ir vestido de aquella manera, pero qué podía hacer. Una fiesta de carnaval es exactamente eso: una fiesta de carnaval, y se supone que había que ir disfrazado.
Caminaba despacio por la Cuesta de la Ermita, camino de la sala en la que se celebraba la fiesta, bastante molesto por la poca movilidad que tenía al llevar aquel disfraz tan ridículo. ¿Por qué me había dejado convencer para disfrazarme de aquella manera? ¿A quién se le ocurre plantarse un sofá encima de la cabeza, aunque fuera de tamaño pequeño, y envolverse todo el cuerpo de gomaespuma embadurnada de pelos de color gris? "Vas a dar el golpe", me dijeron. "El disfraz de pelusa debajo de los muebles no se ha visto nunca", se reían. Y allí estaba yo, intentando subir aquella cuesta, forrado de gomaespuma hasta los tobillos y con un sofá de cartón piedra pegado al gorro de natación de color negro, que me cubría la cabeza.
Por la izquierda me adelantó uno que iba vestido de Maradona. -Qué vulgaridad- pensé. Cualquiera puede ponerse una peluca rizada, coger un balón y vestirse de futbolista.
La cuesta se me estaba haciendo cada vez más empinada, sobre todo cuando me pasaron por la derecha un par de enfermeras sexys, con fonendoscopio incluido, que iban enseñando todo y un poco más. Claro que con aquella escasez de ropa, cualquiera podría subir a buen ritmo.
De pronto, divisé delante de mí una enorme langosta de color naranja que subía con dificultad. Tengo que decir que aquella visión me produjo una inyección de adrenalina que me impulsó a acelerar mis pasos. El futbolista y las dos enfermeras habían desaparecido de mi vista, como era natural, y alcanzar aquella langosta se convirtió desde ese momento en mi primer y único objetivo. Comencé a acelerar torpemente mis pasos y comprobé que poco a poco le estaba recortando distancia al crustáceo. Sin duda, tenía mayores dificultades que yo para caminar. No en vano llevaba todo el cuerpo forrado de gomaespuma naranja, pero es que además se había colocado una cola de gran tamaño, imposible de manejar si no se pertenece al género de los crustáceos. Además su cabeza, que era tan grande como la mitad de su cuerpo, incorporaba unas antenas de plástico enormes.
Por fin alcancé al pedazo de langosta familiar, y poniéndome a su altura, dije:
- ¿Cuesta, eh? Cómo se nota que está empinada. Y además con estos disfraces no hay quien ande.
No hubo respuesta alguna. La langosta seguía su camino, cabeceando y moviendo los brazos acompasadamente, con un ritmo cansino, propio de quien está sufriendo. Sólo se oía su respiración entrecortada y algún que otro jadeo seguido de un leve silbido de ahogo que, la verdad, me hizo preocuparme por la salud de aquel individuo.
Continuamos caminando, y aunque con el ritmo que había cogido me hubiera sido fácil dejar atrás a la langosta, me salió la vena solidaria y decidí que termináramos juntos el camino, supongo que preocupado por si en algún momento tuviera que atender a una langosta infartada, dado el cariz que estaban tomando los acontecimientos.
Al final de la Cuesta de la Ermita se divisaba la sala en la que se celebraba el carnaval. La entrada, iluminada como una feria de carricoches con luces de neón parpadeantes y farolillos de colores, era un hervidero de gente disfrazada de todo, que iba y venía como si tal cosa. El ambiente animaba a participar de la fiesta, con la música a todo meter, las copas volando de mano en mano y las risas al descubrir un nuevo disfraz nunca visto.
- Venga hombre, que ya no queda nada, -dije a la langosta, dándole un par de palmaditas en la espalda. La mano se me hundió en la gomaespuma. Sorprendido, repetí la acción y de nuevo hundí mi mano en la gomaespuma sin encontrar debajo ninguna estructura dura o rígida.
-Eh, oiga -grité, cogiéndole de uno de los brazos. Tampoco encontré resistencia en el interior del brazo. Apreté la gomaespuma con mi mano, aplastándola, y no encontré nada dentro. Completamente aturdido, aceleré un poco el paso para ponerme delante del crustáceo, a fin de comprobar qué era lo que estaba pasando. Con gran dificultad, no sólo debido al disfraz, sino también a los trescientos metros de subida que llevábamos a cuestas, conseguí ponerme delante de la langosta, que seguía caminando a su ritmo y resoplando como si se le fuera la vida en cada uno de los jadeos. Me planté delante de aquel bicho y poniendo mi mano en su hombro le hice detener su camino. Al mirarlo a la cara comprobé que no había nada. Solo un hueco oscuro, con dos ojos negros de cartón piedra a los lados y una boca sonriente dibujada en la gomaespuma naranja. Sobre el pecho un cartel: "DISFRAZ DE CAPARAZÓN DE LANGOSTA"
Un poco aturdido, me giré y continuamos caminando despacio hacia la fiesta. -Espero que Maradona y las enfermeras no hayan acabado con todo el alcohol- susurré en voz baja, apartando de mi cara una de las enormes antenas de plástico del caparazón de langosta.
A pesar del frío y la nieve
LA ASOCIACIÓN DE ÁGUEDAS FESTEJÓ A SU PATRONA CON RITOS RELIGIOSOS, BAILE Y TRAJES SEGOVIANOS
- Nuevas Alcaldesas Mayor e Infantil, y nombramiento de Invitado de Honor.
A pesar del intenso frío y la nieve caída en Casla, la Asociación Cultural de Águedas de esta localidad de la sierra segoviana, presidida por María Antonia Ruiz, ha celebrado la festividad de su Patrona, durante el pasado fin de semana, con diversas actividades amenizadas por la música tradicional de “Los Galleguiños”.
Así, el domingo, día 5 de febrero, las mujeres se congregaron en la Plaza de los Toros, luciendo la bandera dedicada a Santa Águeda. Desde allí, acompañadas por el citado grupo músical, se trasladaron al templo parroquial, donde tuvo lugar una misa oficiada por el párroco, con procesión y ofrendas.
A continuación, se nombró a las Alcaldesas Mayor e Infantil para 2013, en las personas de Pilar Lozano Tarrero y Adriana Alonso Ventura, respectivamente. Asimismo, se procedió a la entrega del simbólico “Mata-Hombres” al Invitado de Honor, José López Sanz, presidente de la Asociación Cultural Provincial “La Colodra”, y se rindió un homenaje a los hermanos Martín Aránguez, quienes durante años han donado los “Mata-Hombres”. Luego, en el Salón de Actos municipal “Los Toriles”, se repartieron rosquillas de la Santa a los asistentes y se bailó al son de la música de “Los Galleguiños”. Seguidamente, se efectuó la quema del Pelele y varias personas tomaron un aperitivo en el “Bar Vicente”. Después, las mujeres repusieron fuerzas con una suculenta comida de hermandad, en el restaurante “Las Eras”, ataviadas con la medalla y el pañuelo de las Águedas.
En la jornada anterior, sábado, día 4, a partir de las cuatro de la tarde, entre las demás actividades programadas, hay que destacar el momento en que el alcalde de la localidad, Jesús María Sanz Martín, puso el bastón de mando en manos de las Alcaldesas actuales Mayor e Infantil, Rosalía Hernán del Amo y María Alonso Cordero, al mismo tiempo que cesaban en sus cargos las Alcaldesas salientes Mayor e Infantil, Juanita Martín Martín y Angélica Fernández Heras.
Seguidamente, las mujeres allí reunidas se dirigieron a la carretera para ofrecer el bollo tradicional a cuantos viajeros tuvieron la amabilidad de atenderlas. Luego, en la iglesia parroquial, se rezó a Santa Águeda. Más tarde, a las nueve de la noche, en el Centro de Jubilados, las asociadas degustaron una sabrosa cena preparada por ellas mismas.
Ángel ESTEBAN CALLE
Cronista Oficial de Casla